El bruxismo

Cada vez son más frecuentes los problemas de articulación y las alteraciones y patologías de la articulacióntemporomandibular y de la musculatura craneofacial, acentuadas en la mayoría de los casos por el estrés diario al que estamos sometidos.

¿Qué es el bruxismo?

La patología de la articulación temporomandibular engloba una serie de trastornos como pueden ser artrosis, chasquidos por alteración del disco articular, traumatismos, bloqueo del movimiento articular, etc. Se manifiestan por dolores agudos o crónicos, cerca de los oídos o en los músculos de la masticación; por no poder abrir bien la boca, desviación de la mandíbula, entre otros, que se dan frecuentemente en pacientes con fibromialgia. Estos síntomas producen cambios en la calidad de vida de los pacientes y alteran su bienestar, por ello es importante un diagnóstico y tratamiento eficaces. Dentro de los trastornos temporomandibulares se encuentra, como patología importante el bruxismo o apretamiento y desgaste dental. En una primera fase del bruxismo, cuando encontramos signos de desgaste dental se puede hacer un estudio de oclusión o masticación y ver la posibilidad de colocar una férula de descarga oclusal, tratamiento que previene que se acelere el desgaste de los dientes y que aparezca más dolores articulares. Si ya el desgaste es muy avanzado lo recomendable es rehabilitar las piezas dentarias con coronas o fundas de cerámica recreando una masticación correcta y funcional.

Tipos de bruxismo

Hay 2 tipos de bruxismo: diurno y nocturno. Si sufres dolor en los músculos de la cara o dolor de cabeza, la causa podría ser el bruxismo (hábito inconsciente de apretar o rechinar los dientes). Muchas veces, mientras dormimos o estamos trabajando, apretamos los dientes sin darnos cuenta, hasta que aparecen los dolores de mandíbula o cabeza. El bruxismo provoca una sobrecarga muscular que suele derivar en dolor dental, muscular o articular y en ocasiones desgaste dentario excesivo, lo que puede comprometer la integridad de los dientes. Además puede influir en la destrucción de los tejidos que soportan los dientes (hueso y encía) y causar problemas en la musculatura cervical y otras localizaciones involucradas en el soporte craneal.

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